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Cien muertos diarios, ‘conexos y similares’
OPINION | | 2020-07-27 |
Pobre México no sólo está convertido en rehén de los grupos de poder, sino que a diario engulle las peores noticias que describen la horrenda malignidad de sus políticos.
El 6 de septiembre de 2018 el presidente electo Andrés Manuel López Obrador arribaba a Monterrey y declaraba a los medios que recibía un país estable y sin crisis económica.
A casi dos años de tan increíble pronunciamiento ese país se transformó en otro o ya sufría la más grave de las crisis económicas, más un entorno social azotado por una guerra cuya fatalidad arroja un promedio de casi 100 personas asesinadas todos los días, desde que el actual Gobierno Federal se hizo cargo de la nación.
Evidentemente López Obrador no habló ---ese 6 de septiembre--- en términos festivos por error.
Y en todo caso solamente evitó echar a perder su propia fiesta y optó por no ser consecuente con su “ideología política”.
¿ESTALLÓ LA BOMBA O SÓLO SON HABLADAS?
¿Mintió en esa ocasión el tabasqueño en su visita a Monterrey, consciente de que se disponía a gobernar un país devastado por la violencia?
La respuesta la sabe todo mundo.
De ese AMLO idealista y demócrata al AMLO intrigante y ambicioso, hay un enorme abismo de por medio. ¿Por eso el mote de “López Hablador”?
Las declaraciones de Emilio Lozoya de haber repartido millones de pesos a fin y efecto de que la Reforma Energética fuera votada por la oposición, ¿tendrán el soporte de pruebas documentales y testimoniales o videos como en el caso de René Bejarano, el triste y célebre Señor de las Ligas?
Siendo así muchos deben estar poniendo tierra de por medio, solicitando la protección de la justicia federal o tratando de resolver su grave situación judicial.
De manera que todos estaremos asistiendo a ser testigos de la explosión de una verdadera bomba política y judicial.
Pero si las cosas no tuvieran ese nivel de gravedad que tanto ha trascendido el propio Presidente de la República, entonces mexicanas y mexicanos estaremos ante un montón de argucias, patrañas e infundios que desembocarán en la nada.
Resultando que a partir de Lozoya y toda la camarilla que encabezaban Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray, así como el ahora senador Miguel Ángel Osorio Chong, nadie podrá ser enjuiciado en razón de que los delitos de que son acusados ya están sujetos a prescripción.
O sea que las acciones penales que castigan esos delitos pudieran estar extinguidas porque la ley define que ha vencido el tiempo determinado para llevar a juicio a los acusados, aún y cuando hayan cometido los crímenes imputados.
En ese sentido todo se limitaría a echar andar la envilecida costumbre de arrojar toneladas de lodo y porquería contra los adversarios electorales, desvaneciéndose las promesas de que la democracia sería practicada tal como se hace en las naciones de primer mundo.
Esa interrupción de la cultura democrática auspicia que la corrupción sólo entre a un breve letargo, de modo que la afirmación de que “la corrupción ya no existe” es una monserga temporal, diseñada sólo para engañar al pueblo en tiempos donde la búsqueda de poder es el tema obligado.
¿Y QUÉ DE LOS PERSONAJES QUE NO LA DEBEN?
Significa que en términos vulgares el caso Lozoya no es otra cosa que un arsenal de lodo y porquería disparado contra quien se deje o se pueda, pero que nunca será un escenario de justicia como los observados en varios países latinoamericanos.
Ahora incluso los once gobernadores de los estados integrantes de la Alianza Federalista, entre los que destacan Francisco García Cabeza de Vaca de Tamaulipas y Jaime Rodríguez Calderón de Nuevo León, tendrán que protegerse de una próxima guerra de difamaciones cuyo trasfondo dejó de serlo.
Su “delito” es proponer una revisión al Pacto Fiscal, señalar el errático manejo del Gobierno Federal ante la pandemia y solicitarle a López Obrador convoque a una Convención Nacional Hacendaria para enfrentar la crisis económica. ¿Habrá represalias por ese nivel de conciencia democrática?
¡Excelente inicio de semana!